No creía que ya los hubiera dejado atrás, no realmente.
Aún sentía cómo sus grandes botas, aquellas que operaban de manera de hacerlos lucir más grandes, más imponenetes, más inaccesibles, pisaban las hojas muertas de un otoño triste, de un otoño extrañamente olvidable, con una velocidad desaforada, asesina, acompañadas del leve sonido de las antorchas consumiéndose, buscando hacer lo mismo con su cuerpo, una vez que lo encontrasen para darle cristiana sepultura.
Por eso es que, de todos modos, seguía corriendo, seguía intentando dejarlos atrás, sin darse cuenta de que nadie lo seguía, más allá de algún recuerdo, de alguna clase de remordimiento impropio, inentendible, implantado por ellos. Remordimiento por aquella insensata ansia de libertad que parecía haberlo acompañado desde el principio de los tiempos, que había hecho que huyese cuantas veces quisiese...
El sistema no era gran cosa para él, el hecho de que ellos fuesen mucho más poderosos, mucho más descarados y muchos, muchísimos más que él, jamás le había importado gran cosa, quizá porque ignoraba que al parecer también decían ser los dueños de las almas y el perdón.
Por eso no paró de correr.
Por eso, sintiendo los inminentes pasos de ellos, o quizás los de algun Señor de porcelana, que pronto caerían sobre él, cayó entre las hojas muertas para morir. Quizás sin perdón...pero morir en libertad.
2 comentarios:
Hey!te descubrí!! mala, porqué no me contaste que tenias un blog? me gusta leerte, mucho, muy lindo tu diseño, como siempre, rebalsando de creatividad. Explotá esa semillita que tenés dentro! ojalá cresca y cresca, algún día visitaremos un bosque de ideas de Paula! te quiero
Hola paula... soy Fernando, el del blog martinficción. Quería agradecerte el comentario, y de paso aclararte que sí, hay influencia, aunque más de poe que de Lovecraft. Francis Pain no existe. Es un escritor inventado por mí, y, al mismo tiempo, yo firmo con el pseudónimo Martín Ficción. Un poco raro... jejej. Bueno, que sigas bien.
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